Los ninguneados por los libros de historia han acabado con todos los prejuicios. No es para menos: la mejor generación de futbolistas españoles no podía quedarse en el camino. Jamás hubiesen pensado que la derrota ante Suiza fue lo mejor que les pudo pasar. Un golpe de humildad, un jalón de orejas.Su camino a la semifinal estuvo plagado de dudas. Perdieron la etiqueta de favoritos en la primera ronda y jugaban un mundial aparte. Era el torneo de los argentinos y brasileños. España no convencía y a menos de un milagro, en semifinales se iban en manos de gauchos o alemanes.
Los alemanes apabullaban a una apática Inglaterra y aplastaban a la Argentina de Maradona. No era el Alemania de siempre. Eran el opuesto al mecánico juego de los mejores cuadros teutones. Estábamos ante la versión más latina de un equipo alemán.
Ya se hablaba de una final Holanda vs Alemania. La falta de un argumento de peso histórico para los ibéricos es suficiente para no darle un chance contra los todopoderosos germanos. La historia quería dictar sentencia a favor de los teutones.
Pero ayer Alemania se olvidó de entretener y volvió a ser la Alemania tradicionalista. Sin encanto, esperando el mínimo error. Los de Löw le dieron sepultura al nuevo estilo de juego y resucitaban a la Alemania más conservadora. En cambio, España fue fiel a su estilo.
En los primeros minutos se acentuaba como iba a ser el juego. España dominaba, Alemania esperaba. Demasiada cautela reflejaba el respeto que se tenían ambas selecciones. En nada se pareció al Uruguay- Holanda que nos paró el corazón por 90 minutos.
Del Bosque sorprendería jugando con cinco mediocampistas y reservando a Torres, de flojo torneo. Pedro le dio la razón. El canabrio inquietó, luchó e hizo sociedades en la cancha. Al final quiso hacerse grande el solo y pudo sentenciar el partido. Para suerte de España, no fue a más.
Sólo España existía en la cancha. Pero todos recordaban aquella frase de Gary Linecker, tan ingeniosa como poco pragmática: "El fútbol es un deporte de once contra once, en donde siempre gana Alemania". España no quería aprender una lección más. Las pocas que tuvo el cuadro germano fueron bien retenidas por Iker Casillas, de menos a más en la competición.
Lo de España era una pasada. Ganan por la mínima y no renuncian al ataque. Y una vez que están arriba en el marcador, duermen al oponente. El apodo de "La Furia" no aplica para este equipo. Más que garra, España es puro fútbol. Tardan en abrir el marcador pero se les ve tranquilos, como si supieran con exactitud el momento en el que van a marcar.
Sus futbolistas son unos artistas, inclusive sus contenciones. En otros lados el pivote tiene la exclusiva función de hacer el trabajo sucio. Pero España no es cualquier equipo. Xabi Alonso se vuelve un candado en media cancha y Busquets juega con la sapiencia y tranquilidad como si tal cosa, como el más veterano del equipo. No hace más de tres años que estaba jugando en tercera y hoy es indiscutible en el once de Del Bosque. Quita, toca y sabe driblar. No abusa del pase largo, sabe que tiene una mina de oro con Xavi e Iniesta a la par y se lo deja a los que saben.
En Puyol encuentran la razón para llamar a este equipo La Furia. En medio de un ejército de gigantes alemanes, Tarzán ganó todas arriba. No había por dónde. El gol es un premio a la garra del catalán, un testarazo tan importante como el gol de Zarra en Brasil o el de Torres en Viena.
Arriba estuvo Villa, quien no se encontró tan cómodo. Él prefiere la banda que el centro, pero cumplió con la disposición del técnico y sigue siendo indispensable. De la final dependerá su Balón de Oro. Su duelo particular con Wesley Sneijder por el goleo de nada valdrá ganarlo si no alza la Copa.
Del Bosque es un tipo que no se hace mucha publicidad. Sabe con lo que cuenta y lo explota. Acertado en sus decisiones, Pedro Rodríguez le dio la razón anoche. Su equipo recibió una lección de humildad en primera fase, en donde existe margen de error. Desde ese momento, España se hacía más peligroso, a la sombra de los favoritos.
Dicen que la tercera es la vencida para Holanda. Pero el fútbol también está en deuda con los españoles, les debe un mundial. Si la pelota es de España, Holanda necesitará toda la contundencia de sus delanteros y hasta un poco de suerte, antes de ser víctimas de la anestesia española. Lo cierto es que habrá nuevo campeón. Y si es el que mejor juega, será España.













